El poder del abrazo
Imagina la siguiente situación: estuviste fuera de casa todo el día. Tal vez trabajaste muchas horas en la oficina, pasaste un día ajetreado en la escuela o regresaste de un largo viaje. Tienes las manos ocupadas, ya sea con bolsas de la compra, libros escolares o equipaje. Un ser querido lo recibirá en la puerta, ya sea su cónyuge, uno de sus padres o su mejor amigo. Esta persona brilla de alegría y te recibe con los brazos abiertos, lista para abrazarte. ¿Ya has experimentado esto? Por muy maravilloso que sea reencontrarse con tu ser querido, surge un dilema: para poder devolverle el abrazo debes quitarte todo lo que llevas encima.
La forma en que resolvemos esta situación revela mucho sobre nuestra relación. Algunas personas consideran que el abrazo es un obstáculo molesto y simplemente pasan de largo. Otros intentan negociar un mejor momento dejando sus cosas torpemente primero. Luego están los que intentan sujetar su equipaje y abrazarlo al mismo tiempo. En este caso, es más probable que la otra persona abrace el equipaje que tú. Finalmente, hay quienes inmediatamente dejan caer sus maletas a los pies de su amante para poder disfrutar del abrazo ofrecido.
Esta imagen también se puede aplicar a nuestra relación con nuestro Padre Celestial. En Jesucristo nos recibe con los brazos abiertos, nos llama amados y nos ofrece su abrazo. Jesús contó la parábola del hijo pródigo, quien, cargando una mochila de dolores, se acercó a su padre arrepentido: “Entonces volvió a casa con su padre. Todavía estaba lejos cuando su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió al encuentro de su hijo, lo tomó en sus brazos y lo besó" (Lucas 15,20 Biblia Nueva Vida).
Muchas veces en nuestra vida llevamos bolsas llenas que no podemos soltar. La buena noticia es que cuando reconocemos a Dios como Aquel que verdaderamente nos ama, comenzamos a aflojar nuestro control y a soltar lo que nos impide Su abrazo amoroso. El apóstol Santiago nos dice que no podemos recibir lo que Dios tiene reservado para nosotros sin dejar de lado nuestras cargas: “Apartaos, pues, de toda culpa y de todo mal. Más bien, aceptad de buena gana el mensaje de Dios, que él ha plantado en vosotros como una semilla. Ella tiene el poder de salvarte" (James 1,21 Esperanza para todos).
Si sientes nostalgia y estás agobiado por todo tipo de cargas de la vida, escucha hoy la palabra de Dios: Tú eres su amado, su amado, hecho para ser amado en su abrazo. Él está ante ti en Jesucristo con los brazos abiertos. Entra en ese abrazo y siente el amor que él quiere darte.
por Heber Ticas
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