No estamos solos

La gente tiene miedo de estar sola, emocional y físicamente. Por lo tanto, el confinamiento solitario en las cárceles es considerado uno de los peores castigos. Los psicólogos dicen que el miedo a estar solo hace que las personas se sientan inseguras, preocupadas y deprimidas.

Dios el Padre lo sabía y, por lo tanto, repetidamente aseguró a las personas que no están solos. El estaba con ellos (Isaías 43,1: 3), los ayudó (Isaías 41,10) y él no la dejaría (Génesis 5: 31,6). El mensaje fue claro: no estamos solos.

Para subrayar este mensaje, Dios envió a su hijo Jesús a la tierra. Jesús no solo trajo sanidad y salvación a un mundo quebrantado, sino que fue uno de nosotros. Entendió de primera mano por lo que estábamos pasando porque vivía entre nosotros. (Hebreos 4,15). El mensaje fue claro: no estamos solos.
Cuando llegó el momento designado por Dios, cuando Jesús terminó su trabajo terrenal en la cruz, Jesús quería que sus discípulos supieran que no estaban solos, incluso si los dejaba. (Juan 14,15: 21). El Espíritu Santo respaldaría este mensaje nuevamente: no estamos solos.

Recibimos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en nosotros tal como nos reciben, y se convierten en parte de la Divina Providencia. Dios nos asegura que no debemos tener miedo de estar solos. Si estamos degenerados porque estamos pasando por un divorcio o una separación, no estamos solos. Cuando nos sentimos vacíos y solos porque perdimos a un ser querido, no estamos solos.
 
Si sentimos que todos estamos en contra de nosotros por falsos rumores, no estamos solos. Si nos sentimos inútiles e inútiles porque no podemos encontrar un trabajo, no estamos solos. Si nos sentimos incomprendidos porque otros afirman que tenemos motivos incorrectos para nuestro comportamiento, no estamos solos. Cuando nos sentimos débiles e indefensos porque estamos enfermos, no estamos solos. Cuando sentimos que estamos fallando porque fuimos a la bancarrota, no estamos solos. Si sentimos que la carga de este mundo es demasiado pesada para nosotros, no estamos solos.

Las cosas en este mundo pueden abrumarnos, pero el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo siempre están a nuestro lado. No están allí para quitarnos nuestras circunstancias difíciles, sino para asegurarnos de que no estamos solos, independientemente de los valles por los que tengamos que pasar. Nos guían, guían, llevan, fortalecen, entienden, consuelan, alientan, aconsejan y dan cada paso de nuestra vida con nosotros. No nos quitarán las manos y no nos dejarán. El Espíritu Santo vive en nosotros y, por lo tanto, nunca debemos sentirnos solos. (1 Corintios 6,19) porque: ¡No estamos solos!     

por Barbara Dahlgren


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