¿Pecado y no desesperación?

265 pecado y no desesperación.Es muy sorprendente que en una carta a su amigo Philip Melanchthon, Martin Luther le advierta: "Sé pecador y deja que el pecado sea poderoso, pero más poderoso que el pecado sea tu confianza en Cristo y regocíjate en Cristo, que él es el pecado. Ha vencido a la muerte y al mundo.

A primera vista, la llamada parece increíble. Para entender el recordatorio de Lutero, tenemos que mirar más de cerca el contexto. Lutero no llama a los pecadores deseables. Por el contrario, se refería al hecho de que todavía estábamos pecando, pero quería que no nos desanimáramos porque teníamos que temer que Dios retirara su gracia de nosotros. Lo que sea que hayamos hecho cuando estamos en Cristo, la gracia siempre es más poderosa que el pecado. Incluso si deberíamos haber pecado 10.000 veces al día, nuestros pecados son impotentes ante la abrumadora misericordia de Dios.

Esto no significa que no importa si vivimos con rectitud. Pablo supo inmediatamente qué esperar y tiene que preguntar: ¿Qué debemos decir? ¿Persistiremos en el pecado, para que la gracia sea más poderosa? Respondió lo siguiente: ¡Eso está lejos! ¿Cómo deberíamos querer vivir en el pecado que hemos muerto? (Romanos 6,1-2).

Siguiendo los pasos de Jesucristo, estamos llamados a seguir el ejemplo de Cristo, a amar a Dios y al prójimo. Mientras vivamos en este mundo, tenemos que vivir con el problema de que vamos a pecar. En esta situación, no debemos sentirnos tan abrumados por el temor de perder la confianza en la fidelidad de Dios. En cambio, confesamos nuestros pecados a Dios y confiamos en Su gracia aún más. Karl Barth lo expresó de esta manera: las Escrituras nos prohíben tomar el pecado más seriamente o incluso tan seriamente como la gracia.

Todo cristiano es consciente de que el pecado es malo. Sin embargo, muchos creyentes necesitan que se les recuerde cómo lidiar con eso cuando han pecado. Cual es la respuesta Confiesa tus pecados sin restringirte a Dios y sinceramente pide perdón. Únase con confianza al Trono de la Gracia y confíe audazmente en él para darle su gracia, y más que suficiente.

por Joseph Tkach


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